«Ha sido un honor ser el cartero del municipio de Churriana de la Vega»

«Ha sido un honor ser el cartero del municipio de Churriana de la Vega»

Germán Torres ha sido cartero en Churriana durante 35 años y asegura que ahora le preguntan por alguna calle y no sabe situarla aunque la conozca

VS.Churriana de la Vega

Recorriendo las calles de Churriana desde 1978, Germán ha repartido miles de cartas y postales a sus vecinos. En bicicleta en sus inicios, y después en moto, este cartero jubilado ha vivido la historia de su pueblo casa por casa, buzón por buzón.

Nacido en Granada, pero criado en Churriana de la Vega desde la infancia, Germán está casado, tiene dos hijos y un nieto. Tras cursar el bachillerato y la carrera de Graduado Social (ahora Relaciones Laborales), ingresó en Correos para suceder a su padre Manuel, que también fue cartero.

Actualmente, la única ocupación de Germán es disfrutar de su nieto y sus aficiones, entre las que destaca la música, el deporte y navegar por internet, para él un gran entretenimiento y descubrimiento.

Rememora con cariño sus años de trabajo. «Ha sido un placer y un honor servir a mi pueblo, siempre me he sentido apreciado por la gente, el trato ha sido estupendo», comenta Germán, que reconoce que con los años la profesión ha cambiado mucho.

«Para la zona de reparto que yo cubría (Churriana, Cúllar, Ambroz, Híjar y San Ignacio) hoy contamos con más de diez carteros». El contacto directo con los vecinos ha cambiado, dice Germán. Antiguamente en el pueblo había 3.000 habitantes y, más menos, conocías a mucha gente, «pero con los 15.000 que hay ahora es completamente imposible» tener un contacto cercano. «Todavía hoy me preguntan por algunas calles y soy incapaz de situarlas aunque las conozca, todo ha cambiado».

Germán rescata alguna anécdota sobre las cartas con malas noticias, sobre todo las multas: las peores. «Dentro del disgusto que supone, trataba en lo posible de tranquilizar o sacar alguna sonrisa al entregarla». Recuerda con cariño cómo las personas mayores le pedían por favor que le leyera las cartas. «Cuando entregaba alguna notificación muchos me preguntaban qué tenían que hacer con ella o dónde acudir, confiaban mucho en mí», cuenta Germán con una sonrisa.

«La figura del cartero era una institución, el contacto era muy familiar». Tanto que tenía que repartir y entregar algunas cartas con la única seña del apodo del destinatario, después de preguntar por las calles del pueblo. «Hoy esas cartas se devolverían», explica Germán.

Cada año al comenzar el mes de diciembre, el volumen de trabajo aumentaba un 200% por las felicitaciones de Navidad, hoy prácticamente están en desuso, al menos en papel. Las cartas personales han desaparecido casi completamente hoy en día -explica-, la mayor parte de los envíos son paquetes y notificaciones administrativas.

Actualmente el correo postal se concentra más en la paquetería que en el envió propio de cartas. Antes la comunicación fluía a través de la tinta plasmada sobre papel, ahora con internet la comunicación fluye y es inmediata. Germán ha observado ese cambio y asegura que ha visto crecer el pueblo en todos los sentidos.

«He vivido la transición y todas las elecciones desde 1978». Sin embargo, confiesa, estos 35 años se le han pasado volando. «Es un trabajo agradecido y a la vez muy estresante y sacrificado, trabajando muchos festivos y siempre a contrarreloj». Pese a todo reconoce que ha merecido la pena.

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