Sueños de fútbol entre tanques

Sueños de fútbol entre tanques
  • Sergio Rodríguez "Rodri" (Churriana de la Vega, 1994) estaba comprando en el supermercado con su novia cuando recibió una llamada que le iba a cambiar la vida. Al otro lado del teléfono, su representante le espetó un claro mensaje: «Te quieren en Sumy, en cuatro días tienes que estar allí».

Sumy es capital de la provincia ucraniana con el mismo nombre, una región próspera con una extensión tres veces menor a la de Andalucía y con algo más de un millón de habitantes, que se dedican principalmente a la minería y a la fabricación de maquinaria electrónica. Al noroeste hace frontera con Rusia, un dato anecdótico a finales de enero, cuando Rodri, ilusionado, partió con una maleta cargada de sueños y mucha ropa de abrigo.

«Aquí procuro no enterarme de mucho. En el apartamento tengo dos canales de televisión, uno con noticias y partidos de mi equipo y otro con la Champions League. Estoy todo el día viendo fútbol y no me entero de nada, intento abstraerme», afirma tranquilo el mediapunta granadino, que, sin embargo, reconoce que sí lo pasa mal por su novia y su familia, «porque sé que ellos están preocupados por mí por todas las noticias que salen desde España. Aún así, yo estoy tranquilo, la embajada está cuidando de mí y si estalla la guerra ellos se ocuparán de sacarme desde Kiev rumbo a casa», asevera.

Un sueño, el de triunfar en el mundo del fútbol, que implica tener un plan de huida propio del guion de una película de espías. Y es que Ucrania vive unos momentos inciertos. Todo empezó a germinar trescientos kilómetros al oeste, en Kiev, la capital del antiguo estado de la URSS, cuando a finales del mes de noviembre del pasado año una facción europeísta que se manifestaba por la decisión de Yanukóvich de congelar el acuerdo de asociación con la UE asaltó un microbús en el que creyó detectar a un grupo de individuos con equipos de escuchas telefónicas.

La policía comenzó a lanzar cargas de una brutalidad desmedida, situación que acabó desembocando en las sangrientas represalias vividas en la Plaza de la Independencia hace unas semanas y que recientemente han acabado con la salida forzada del depuesto presidente y con el país al borde de una guerra con la todopoderosa Rusia de Putin.

«Cuando vine, mi idea era entrenar unas semanas aquí, que los técnicos del Sumy pudieran verme y volver a Granada mientras que mi representante y los intermediarios arreglaban mi contrato, y así de camino pasaba todo este follón. Pero he visto cómo en unos días se han ido cancelando todos los vuelos de vuelta a España, así que aquí estoy, a la espera de ver qué pasa», cuenta el jugador desde su apartamento.

La serenidad que transmiten las palabras del jugador viene depositada en el buen hacer de Antonio, un policía que trabaja en la embajada española en Kiev y que se puso en contacto con él a través de un amigo de sus padres. Antonio y su mujer, Mari Ángeles, se han convertido en los nuevos ángeles de la guarda del granadino y de los cientos de españoles repartidos por todo el país y que esperan que todo vuelva a la normalidad.

Octava liga europea

El fútbol en Ucrania es distinto. Según un estudio que realizó la UEFA en 2008, la Premier League ucraniana es el octavo mejor campeonato europeo. Una competición que goza de importantes patrocinadores que garantizan la solvencia económica de los equipos pero que, sin embargo, carece de clubes con tradición de cantera tal y como los conocemos en España.

El puente para un jugador joven que quiere formar parte de la Primera división pasa por entidades como el Bapca, que ficha a jóvenes promesas para exportarlas en el mejor de los casos al Dínamo de Kiev o al Shakhtar Donestsk, equipos con mucha más tradición y grandeza en los que sueñan militar todos los futbolistas del país.

Otro atajo para llegar con garantías a la máxima competición pasa por fichar en un equipo de Segunda con el que disfrutar de minutos a fin de llamar la atención de algún grande. Tras estudiar una jugosa oferta del Bukovyna, Rodri podría decantarse en los próximos días por la del Sumy, equipo de mitad de la tabla que está dispuesto a pagar cerca de novecientos euros mensuales más primas, que podrían redondear la nómina hasta los dos mil euros, alojamiento y dietas incluidas. Cifras muy alejadas de los cincuenta euros que percibía en la UD Maracena en su primer año como jugador de Tercera división.

El salto es cualitativo para el centrocampista, según explica su representante, Javier Jiménez, quien espera recibir una oferta procedente de la Premier que rondaría una ficha de cien mil euros anuales. «Rodri tiene calidad de sobra para jugar en la Primera ucraniana. Tuvo encima de la mesa un contrato del Metalurgi Donestk -octavo clasificado en la Premier-, pero preferimos esperar. Dentro de tres meses acabará la liga y muchos equipos querrán incorporarlo a sus filas», asegura.

No obstante, toda esta certeza se sostiene sobre la fragilidad política de un gobierno que la jornada pasada decidió suspender la reanudación del campeonato liguero -que volvía del parón invernal, ya que las bajas temperaturas de los meses de enero y febrero impiden la práctica del fútbol- por el riesgo que existe de un atentado debido a las grandes aglomeraciones de aficionados.

Pese a todo, y sacudiendo los malos augurios, el fin de la liga está previsto para el 17 de mayo, fecha en la que tiene que comenzar a escribirse el sueño de un valiente que nació en una tierra cálida pero donde el éxito también es incierto y a veces despiadado. Quizá el futuro de Sergio Rodríguez se encuentre en el frío del este europeo. Un anhelo que, de eclosionar, será el premio que merece este osado centrocampista, capaz de enfrentarse a los tanques para tocar el Olimpo del fútbol con sus propias manos. Seguro que lo consigue.